FECHA Y HORA
CASA LOPEZ MIRANDA




AGENDA CIUDADANA


Por:Rebecca Arenas

¿Qué ciudadanos, en la reforma política de Calderón?
Diario de Xalapa

28 de enero de 2010

Mientras la crisis económica continúa generando más millones de pobres y los programas

sociales de combate a la pobreza siguen siendo utilizados para beneficio electoral, el

asunto que ocupa la atención de los poderes formales y fácticos, que se ha convertido de la

noche a la mañana en prioridad de la agenda legislativa, es la iniciativa de reforma

política del presidente Calderón.

¿Por qué si hay problemas de falta de empleo, de pérdida del poder adquisitivo, de

inflación galopante que el gobierno niega; si se sigue ensanchando la brecha de la

desigualdad y nuestro país es calificado en el exterior como ineficiente, poco competitivo y

altamente corrupto, por qué si tenemos todas estas urgencias, los señores de la política se

dedican a discutir una nueva iniciativa de reforma política, a menos de dos años de haber

aprobado la anterior?

Sin duda, porque Calderón con gran habilidad le antepuso la etiqueta ciudadana -con

mayúsculas- a su reforma, asegurando a todos, que su aprobación impulsaría la participación

ciudadana en los asuntos públicos, fortaleciendo la democracia y el quehacer político, que

hoy por hoy, son monopolio de los partidos.

Sobre el paquete de reformas políticas que presentó al Congreso a mediados del pasado

diciembre, el presidente Calderón ha venido cambiando el tono de su discurso. En un

principio, fue de gran optimismo y júbilo, cuando dio a conocer su decálogo alusivo.

Últimamente, en cambio, su tono se ha vuelto ríspido e incluso intolerante, cuando califica

de fraudulentas a las fracciones parlamentarias que no coinciden con su iniciativa. Y aún no

inicia el periodo de sesiones. Y si bien es cierto lo que dice Calderón sobre la

preeminencia de los partidos y la ausencia de los ciudadanos en nuestro sistema democrático,

lamentablemente esta situación no cambiará por decreto, por más que lo diga su iniciativa.

Veamos.

Entre otras cosas, la iniciativa de Calderón propone las candidaturas ciudadanas,

afirmando que esto daría a la gente voz y una palestra para luchar por las causas que le

interesan. Pero yo me pregunto, y les pregunto a los lectores: ¿Qué tipo de personas serían,

en caso de aprobarse, quienes tendrían acceso a las candidaturas ciudadanas?

No sería don Pancho, el líder vecinal de nuestra colonia, siempre dispuesto a dar su

tiempo y su consejo a los demás; tampoco doña Catalina, la luchadora social, por la que se

pelean los partidos en tiempo de elecciones, porque la gente la respeta y la sigue; ni el

médico humanitario que atiende igual al que le paga que al que no. No podrían serlo, porque

lograr una candidatura ciudadana, requiere de mucho, de muchísimo dinero (encuestas previas,

precampañas, propaganda, medios, gastos de campaña). Si hoy vemos que gente de origen

modesto llega a ser candidato, es porque tiene detrás el apoyo de un partido que recibe

recursos públicos para estos efectos. Lo que no sería factible en el esquema de Calderón.

Sería la gente de Televisa, de Televisión Azteca, de Telmex y de las empresas más

importantes, la que tendría acceso a las candidaturas ciudadanas. ¿Dónde está la mayor

participación ciudadana que asegura Calderón, si sólo los ricos tendrían acceso a esta

modalidad de participación política?

Y ante su eventual arribo al Congreso, encontraríamos a estos "diputados ciudadanos"

dedicados a defender los intereses y privilegios de sus patrocinadores y socios. ¿Dónde está

el beneficio para los ciudadanos que dice Calderón? No se ven por ninguna parte.

Si en efecto, lo que quiere el ejecutivo es impulsar la participación ciudadana, dar

mayor legitimidad a su gobierno y lograr que el legislativo se comprometa prioritariamente

con la ciudadanía en vez de hacerlo con sus respectivos partidos, lo primero que tendría que

hacer es tomar la decisión de construir ciudadanía, dándole a esta compleja tarea, el rango

de política de Estado. Educar e informar a la gente, hacerla consciente de las innumerables

ventajas de participar colectivamente, de manera organizada; de eso se trata la construcción

de ciudadanía, una tarea compleja pero posible, de resultados graduales, pero irreversibles,

en la que habría de sumar los esfuerzos de toda la infraestructura pública y privada del

país, para que tras un mediano plazo, de esfuerzos continuos y sistemáticos, tengamos un

capital ciudadano que nos hará mejores para la democracia y mejores para el país.

Evidentemente no es la construcción de ciudadanía lo que le interesa a Calderón, sino

lograr una reforma política que le permita mayores facultades al Ejecutivo, o sea a él

mismo, facilitándole, a dos años de la sucesión presidencial, alternativas de manipulación

pública, como el referéndum, que ha probado ser un arma de dos filos mal utilizado, e

instrumento favorito de gobiernos dictatoriales que no respetan al Congreso. Perú, Venezuela

y Argentina en algún momento, son cercanos ejemplos.

El debate sobre la reforma política será intenso, y sin duda, polarizado, lo que no debe

ser impedimento para alcanzar positivos resultados, si cada quien hace su parte. Los

legisladores, privilegiando el interés general sobre el particular, favoreciendo la visión

de Estado y no la visión de partido, de corto plazo y electorera, porque de lo que se trata

es de definir las reglas del funcionamiento futuro del Estado mexicano. Ni más ni menos.

A Calderón habría que decirle que ya hizo su parte, que ahora toca al Congreso hacer la

suya. Pedirle que asuma una actitud de respeto y tolerancia frente a las opiniones

contrarias, porque sólo respetando el derecho de los otros, logrará respeto a sus

propuestas, aunque no las aprueben. Predicar con el ejemplo, es el primer gran paso, que

ojalá no se le olvide.

xalare@generacionciudadana.org.mx

 


FHOTHER