LA ENCUESTA PETROLERA DEL PRD:
La consulta casera llevada a cabo el pasado domingo por solo una parte del perredismo y solo una parte de la comparsa de los otros dos partidos que le acompañan en el frente amplio, no fue otra cosa más que la crónica de un fracaso anunciado, pero sobre todo amañado.
Lo dicen las propias cifras:
Los organizadores esperaban por lo menos una afluencia de más de un millón trescientos mil consultados solo en la capital y no fue así, solo acudieron 826 mil, es decir ni la tercera parte de los dos millones 811 mil ciudadanos que en el 2006 votaron por López Obrador. Primera conclusión real de la encuesta: dos de cada tres que votaron por el PRD y su legítimo perdedor hoy no lo volverían a hacer.
El supuesto padrón del PRD en la capital del país es de un millón 400 mil militantes y si según las cifras dadas por los organizadores acudieron a votar 826 mil ¿qué pasó con los otros 600 mil perredistas capitalinos? Segunda conclusión de la encuesta: ni los propios perredistas votaron, o mejor dicho, gran parte de los perredistas si está a favor de la reforma energética.
La abstención ciudadana en el Distrito Federal fue del 89%, la pregunta es ¿de qué se ufana el jefe de gobierno?, vergüenza le debería de dar este tipo de resultados y de abstencionismo.
Sin perjuicio de las cochinadas que se hicieron en donde está documentado que la misma persona podía votar hasta 35 veces en distintas casillas, personas de la tercera edad declarando que ellos iban por una despensa o ni siquiera sabían a que iban, como lo documentó la periodista Denise Merker, hay otro elemento de matemática pura:
En el DF se instalaron 5,500 mesas receptoras en las que supuestamente votaron 826 mil personas. La consulta duró de las ocho de la mañana a las seis de la tarde. Lo anterior refleja que en cada mesa hubo un votante por cada 3.8 minutos, de manera ininterrumpida, durante las diez horas que duró la jornada. La pregunta es, ¿alguien vio las filas de ciudadanos que esperaban votar? O todos vimos lo mismo, un ausentismo y un abstencionismo. Tercera conclusión, nuevamente volvieron a hacer trampas hasta en sus propios números.
En su elección interna para la dirigencia nacional, calificada por ellos mismos como una cochinada, que ahora ha sido anulada, no fueron capaces de contabilizar sus propios votos internos en cuatro meses, es más nunca lo lograron hacer. Lo que sorprende es la inusitada rapidez con la que si fueron capaces de contabilizar en tres días, si en tres días, más de 826 mil votos. Es algo que tendrán que explicar.
López Obrador pidió el domingo que el gobierno escuche los resultados de la consulta petrolera. Por primera vez hay que hacerle caso. Según los datos de este mesías tropical, un millón y medio de electores rechazan la reforma petrolera, si, tal vez sea cierto, pero de un universo de casi setenta millones de electores. Es decir poco menos del 4% de los que votamos en la elección de 2006. Respetemos su posición, pero también respetemos la decisión del otro 96% que es mayoría.
El perredismo, o mejor dicho el lopezobradorismo, quisieron hacer una demostración de fuerza y terminó exhibiendo su creciente debilidad y el fracaso. Sólo el 10% de los casi 15 millones que votaron por López Obrador en 2006, salieron a votar en todo el país por su amañada consulta.
El país necesita de partidos de izquierda, es sano el equilibrio, pero de verdadera izquierda, la racional, no la visceral, México requiere del verdadero perredismo, pero del perredismo de origen, no ese grupúsculo de ambición y cerrazón en el que lo está convirtiendo López Obrador y que hoy amenaza nuevamente con tomar tribunas, carreteras y aeropuertos paralizando nuestra vida cotidiana.
Hagámosle caso, que el Congreso y el gobierno escuche los resultados de la pseudo encuesta, de ser así, tenemos que actuar conforme a las mayorías y el país, nuestro futuro y nuestro progreso no puede ni va a estar secuestrado o amenazado por una minoría de las minorías.