Versión del discurso del senador Fernando Elizondo Barragán, en el marco del evento "La Mujer en el Senado", realizado con motivo de las festividades por el Día Internacional de la Mujer
9 de marzo de 2010
Muchas gracias, muy buenos días. Señor presidente del Senado. Compañera presidenta de la Comisión de Equidad y Género. Compañeras y compañeros senadores. Señoras y señores.
Saludo con beneplácito la celebración de este evento tan significativo por el tema destacado que aborda y es para mí verdaderamente un placer y un privilegio el asistir a esta ceremonia en representación del Partido Acción Nacional y de su coordinador, Gustavo Madero.
Habiéndose celebrado ayer el día internacional de la mujer, hoy ciertamente es día propicio para reconocer y exaltar las virtudes y méritos de las mujeres, su contribución a la sociedad y, particularmente, su papel en el Senado.
Empezando por aquella valerosa mujer, María Hernández Arco, la recordamos cada año, que cuando todos tuvieron miedo ella con valor imprimió y difundió el grito libertario lanzado desde la tribuna de este Senado por Belisario Domínguez, a quien cada año recordamos y rendimos honor.
En el Senado la mujer ha sido, es y será inspiración, aspiración y acción. Y lo digo con mucho orgullo como miembro del Grupo Parlamentario con el mayor número de legisladoras en este cuerpo legislativo y como miembro del partido que presentó la primera iniciativa para darle a la mujer a nivel constitucional derechos políticos plenos.
Al reconocer a las mujeres que han pasado por el Senado, y a las que actualmente forman parte de él, en ellas rendimos tributo también a la mujer moderna, a la mexicana moderna, que sin dejar de ser fuente inagotable de inspiración y admiración es hoy también paradigma de inteligencia, sensibilidad, tenacidad, generosidad, autenticidad y trabajo. Es generadora y transmisora de valor y de valores.
Sin embargo, la mujer en el Senado tiene otra dimensión, una dimensión adicional que ya ha sido por cierto mencionada por quienes me precedieron. La mujer es una tarea pendiente para el Senado.
La tarea, como bien lo estableció la declaración de Beijing en 1995 es asegurar la igualdad de acceso de las mujeres a las oportunidades en todos los ámbitos de la vida social.
La puerta grande para la igualdad de oportunidades es la educación en todos sus niveles, y esa puerta está abierta ya. Las mujeres actualmente participan en todos los niveles de la educación, igual que los hombres y en muchos casos con ventaja y con mejores resultados que ellos.
Pero los avances en la participación de la mujer en los puestos de toma de decisión son insuficientes aún. En todos los órdenes de gobierno y en el sector privado. En México, todos los sabemos, las mujeres representan casi el 52 por ciento del padrón electoral, pero la participación femenina en el ámbito público todavía es escasa.
Ya se mencionaba anteriormente, en la actualidad de 500 diputados 129 son mujeres, es decir, casi un 26 por ciento; y en la Cámara de Senadores, de 128 legisladores solo 25 escaños son ocupados por mujeres, un 19.5 por ciento.
La situación de desventaja en las oportunidades de participación política de las mujeres impacta en la toma de decisiones, tanto en lo público como en lo privado, implica para el país desventajas en muchos ámbitos sociales, y contribuye a perpetuar y a reproducir actitudes de exclusión y marginación social.
En general, en el país las mujeres representan, dependiendo de las fuentes que tome uno, entre 36 y 49 por ciento de la fuerza laboral, pero su participación es mucho menor en puestos directivos, en puestos de toma de decisión y demando.
Y muy importante, su remuneración en promedio es 17 por ciento menor que la de los hombres. Ambas estadísticas, participación en el mercado laboral y remuneración, son síntomas indicativos de las distorsiones que aún persisten en nuestra nación sobre este tema.
La tarea también aparte de lo laboral, es prevenir y erradicar todo rastro de violencia de género y aquí también las estadísticas, no son satisfactorias.
Ya hemos legislado sobre estos temas, pero aún subsisten en nuestras leyes, a veces en forma casi imperceptible, normas o vacío de normas, ausencia de ellas, que dificultan el arribo de la mujer a la igualdad plena de oportunidades.
Decía Montesquieu que las costumbres hacen las leyes, pero las mujeres hacen las costumbres. Y bueno, algo tendría de razón sobre todo en el tiempo en que él vivió. Pero aquí y ahora necesitamos hacer leyes que cambien algunas de las costumbres que tenemos. Y a este respecto yo diría que es más aplicable lo que decía la primera ministra británica, Margaret Thatcher dijo en alguna ocasión: "en político si quieres que algo sea dicho, díselo a un hombre; pero si quieres que algo se haga, pídeselo a una mujer".
Por eso hoy le pedimos a las mujeres del Senado en todos los ámbitos que continúen ayudándonos a cumplir este trascendental compromiso y esta tarea inaplazable. Sí, señoras y señores, la mujer en el Senado es inspiración, aspiración y es acción.
Por ello, por las mujeres del Senado y frente a las mujeres mexicanas hoy refrendamos el compromiso de Beijing por la igualdad del hombre y la mujer.
Muy pronto estaremos discutiendo la reforma política, la reforma laboral y otras reformas y en ellas habrá múltiples oportunidades de hacer efectivo este compromiso.
Vaya desde este recinto nuestro mayor reconocimiento a las senadoras que fueron, muchas aquí presentes, a las que son y a todas las mujeres mexicanas con el mayor respeto y gran admiración. Muchas gracias.
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